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OPINIONS PP BALEARS

16/03/21
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La propaganda no arregla el acceso a la vivienda

Es una lástima que ese esfuerzo por copar titulares en los medios de comunicación nacionales no se traduzca en resultados de gestión para los ciudadanos de Balears. Si el objetivo era aparecer en los telediarios, su decisión de expropiar 56 viviendas a “grandes tenedores” para destinarlas a alquiler social ha sido un éxito. Cuestión distinta son las consecuencias de esa decisión.

Para empezar, está por ver que esa medida confiscatoria vaya a resolver el problema de vivienda a medio centenar de familias en nuestra comunidad. Ya sabemos que no será en el corto plazo, porque todos o la mayoría de propietarios acudirán legítimamente a los tribunales para defender sus derechos, y la resolución de esos pleitos no será rápida. Ni siquiera sabemos cuántas de esas viviendas podrán finalmente adjudicarse, ya que algunas de ellas tenían ya comprometida su venta y otras ni siquiera disponen de cédula de habitabilidad. Pero alguien pensó que esos titulares al menos servirían para tapar una pésima gestión de la pandemia en Balears, que nos deja como la región que sufre el mayor descalabro económico y social de Europa.

A veces la propaganda es inocua, y se presenta como unos fuegos artificiales que iluminan y hacen ruido, pero sin causar daños a nadie. Por desgracia este no es el caso. La decisión de Armengol de atacar la propiedad privada tendrá dos efectos negativos inmediatos. En Balears tenemos un déficit aproximado de 16000 viviendas para cubrir la demanda existente. En la pasada legislatura, en un periodo de bonanza económica y disponiendo de presupuestos expansivos que se tradujeron en 4000 millones más de gasto, el gobierno de Armengol no consiguió entregar ni una sola promoción de VPO. Ahora, en mitad de la recesión económica más profunda de nuestra historia, acaba de prometer que en los próximos dos años entregará mil pisos. Si nos atenemos a sus antecedentes cuesta mucho creerla. Pero incluso confiando en ese “milagro de los panes y los pisos”, a ese ritmo Armengol necesitaría otras quince legislaturas, 60 años más en el Consolat, para solucionar ella sola el problema.

La promoción pública por sí sola es incapaz de enfrentar una carestía de vivienda tan profunda como la que soporta Balears. Es precisa la concurrencia de la promoción privada, y aquí encontramos el primer resultado negativo de la decisión de expropiar: en un contexto de crisis y paro desbocado entre las clases trabajadoras, será mucho más difícil lograr financiación para nuevas promociones de vivienda asequible. Paradójicamente, la decisión de Armengol no afectará en gran medida al crédito para viviendas de lujo, sino al que se necesita para la construcción de los pisos más baratos, cuya única garantía para la entidad financiera es el inmueble.

Pero hay otro factor a tener en cuenta. Si nuestra demanda interna está gravemente deprimida por una caída del PIB que roza el 30%, hoy necesitamos más que nunca la inversión externa. Armengol está obsesionada en trasladar una imagen de Balears como destino seguro para el turista gracias a la bajada de los contagios. Es algo muy razonable pero, ¿expropiar viviendas traslada al exterior una imagen de destino seguro para un inversor? Si la seguridad sanitaria es determinante para nuestra economía de servicios, ¿la seguridad jurídica para quien compromete su dinero en Balears no lo es?

Las expropiaciones del Armengol son el ejemplo que mejor se ajusta a la definición del populismo: vender soluciones fáciles a problemas complejos. El acceso a la vivienda se facilita incrementando la densidad en la construcción que permita nuevas tipologías de pisos ajustados a la realidad social de hoy: parejas sin hijos, familias monoparentales, etc. Ajustando la fiscalidad a las actuales circunstancias, es decir, bajando los impuestos que gravan las transmisiones patrimoniales. Fomentando la compra a través de ayudas directas y avales de la Administración para cubrir hasta el 25% del precio de la vivienda. Y por último, persiguiendo la okupación ilegal: con un centenar de pisos del parque público okupados, es difícil de explicar que te puedas meter en las casas de los demás cuando no eres capaz de gestionar la tuya.

Los titulares ya los hemos visto. Pero miles de familias en Balears esperan algo más que propaganda para acceder a una vivienda.

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