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29/10/20
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Armengol debe dimitir

La señora Armengol no puede seguir ni un minuto más en el cargo. No basta con leer una disculpa forzada, cuatro días más tarde y después de intentar negar los hechos, ofreciendo una versión paralela surrealista. Debe dimitir, por la misma salud democrática a la que ella tantas veces ha hecho referencia. Armengol ha intentado darnos lecciones de ejemplaridad en estos años y ahora debe aplicárselas a ella misma.

En su intervención en el último debate sobre Política General, el más importante de cuantos se celebran en el Parlament, la presidenta del Govern pedía a la ciudadanía cumplir “escrupulosamente” las normas e instrucciones de seguridad, prevención, higiene y protección que frenen el virus y que todos “extremen la precaución”. Palabras y mensajes lógicos, teniendo en cuenta la evolución de la pandemia en las últimas semanas. Cuando dos días después saltaba a la luz su salida nocturna más allá del horario permitido, es evidente que dichas afirmaciones de Armengol en sede parlamentaria ya carecían de la autoridad moral y política exigibles.

Porque la misma presidenta que pide a los profesionales de Son Espases que eviten todo tipo de actividades que representen riesgo de contagio, a los profesores que restrinjan su vida social, o ha impuesto restricciones muy duras en la vida social de las familias (la última fijar un máximo de 6 personas en reuniones sociales y familiares) y ha clausurado el ocio nocturno, es la misma que luego se va de copas e infringe esa normas.

La persona que impone las restricciones es la misma que se las salta. Que sorprendan a la presidenta pasadas las dos de la mañana en un bar que debería estar cerrado, según sus propias normas, es un hecho que demuestra el cinismo, la hipocresía y la irresponsabilidad de la señora Armengol y es un hecho que la inhabilita para seguir siendo la presidenta.

Porque además de la gravedad del hecho en sí, la presidenta y su guardia pretoriana de asesores, pagada con dinero público, primero maniobraron para evitar que saliera a la luz el incidente, con un extravío temporal sospechoso del acta policial. Y después, cuando se hizo público, negaron los hechos y se inventaron una coartada imposible, tomando por tontos a los ciudadanos. Infringieron las normas y mintieron. Por decencia y por respeto a los ciudadanos, deben dimitir.

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