PP Balears

OPINIONES PP BALEARS

24/09/18
Opinión

Un proyecto para Palma

Desde el año 2015 los palmesanos esperamos un proyecto de ciudad. Bueno o malo, ambicioso o conformista, creativo o gris. Pero un modelo que diera certidumbre y pistas acerca de hacia donde se iba a orientar la acción de gobierno a lo largo de la legislatura. En su lugar, nos hemos encontrado con un enorme vacío de gestión, apenas disfrazado con grandes anuncios que han acabado en nada y muchas píldoras ideológicas que no han servido para camuflar la evidencia de que Cort camina sin rumbo, sin más timón que el ejemplar y eficaz servicio de los funcionarios municipales.
De todas esas grandes promesas del equipo de gobierno apenas quedan los titulares. El Paseo Marítimo no es un bulevar, sino una carretera con dos carriles menos de jueves a domingo para convertirse en aparcamiento ante su escasez; Nou Llevant se ha convertido en el parking de los contenedores móviles, ofreciendo un entorno degradado al Palacio de Congresos; la antigua prisión es un “cine a la fresca” sin más proyecto que tirar un muro exterior; GESA ya no es municipal; Camp Redó ha estado 18 meses a oscuras; y en Sa Riera, con suerte, veremos 18 árboles plantados antes de 2019.
La ciudad no ha visto ni una sola nueva inversión en estos más de tres años de crecimiento económico. Muy al contrario, hemos asistido a la fuga de numerosos proyectos ante los crecientes retrasos de licencias en el área de Urbanismo, que ya superan el año. Tampoco hemos sumado nuevos servicios, aunque hemos visto empeorar todos los existentes, siendo especialmente grave la degradación de la limpieza, el mantenimiento de parques y aceras y la brutal congestión del tráfico interno y en los accesos a la ciudad. Y ha visto aparecer nuevas problemáticas, como la creciente dificultad para acceder a una vivienda, a la que Cort ha respondido con la supresión del programa “Palma Habitada” ante su ineptitud para adaptarlo a los nuevos tiempos.
La ciudad padece un equipo de gobierno perezoso a la cotidianidad, aburrido ante los vulgares problemas del municipio. Sus preocupaciones son otras, mucho más “elevadas”: como la imposición del catalán hasta a los sepultureros, el “feng shui” republicano en la Sala de Plenos, la sustitución de la bandera española por la catalana en las medallas consistoriales o el desprecio institucional a las tradiciones de la ciudad, desde la Semana Santa al Corpus. Estas veleidades han ocupado tanto tiempo en la agenda de los regidores que apenas les ha quedado espacio para dedicarse a los asuntos que realmente preocupan a los palmesanos, como el caos circulatorio, la proliferación de basura y trastos o la desesperante impunidad de los “okupas” en todos los barrios, desde Son Gotleu a Camp Redó pasando por Verge de Lluc o Sa Gerreria.
El trasfondo de todo ello no es sólo una mera incapacidad, propia de quienes jamás antes de estar en política han gestionado nada. Ni siquiera la encarnizada lucha entre los tres partidos que se reparten Cort como un reino de taifas. Lo realmente grave de estos bandazos, anuncios-fantasma e improvisaciones es que el Pacto no sabe qué hacer con Palma. Les viene grande, les supera, les confunde. Porque para políticos acostumbrados a luchar contra la desigualdad a golpe de tuit o a mejorar la vida de “la gente” sosteniendo una pancarta, gestionar una ciudad real, con problemas reales, es un reto absolutamente inasumible.
Palma necesita un proyecto de ciudad. Un concepto que ligue los servicios municipales a las necesidades de cada barriada, que impulse infraestructuras en función de objetivos realistas y que tenga un horizonte que vaya más allá de una legislatura, o de dos. Debemos identificar los grandes asuntos pendientes de Palma: la mejora de los accesos; la reforma integral de la Plaza de España; la revisión de los servicios de limpieza y mantenimiento; el futuro del Paseo Marítimo y su plena integración en la ciudad; la dignificación de barriadas olvidadas; el acceso a la vivienda; la protección del patrimonio; el estudio de una nueva movilidad urbana; las nuevas conexiones con el aeropuerto…
Siendo honestos, ninguna de estas cuestiones puede resolverse en una legislatura. Pero el Partido Popular tiene la capacidad, la experiencia y la voluntad para liderar y ejecutar los grandes acuerdos de ciudad que Palma necesita y los ciudadanos merecen. Sin renunciar a nuestras siglas, reivindicando los valores que siempre nos han identificado, hemos de ser capaces de impulsar una hoja de ruta para una nueva etapa, donde los asuntos realmente importantes tomen la agenda y se conviertan en nuestra prioridad, la de todos.
Porque estoy convencida de que la limpieza, el mantenimiento de aceras y parques, la movilidad fluida o la seguridad ciudadana no son de izquierdas o de derechas. Son asuntos que preocupan a los palmesanos por encima de ideologías, y a los que las administraciones debemos dar respuesta de forma pautada, previsible y rápida. Palma debe dejar de ser el “banco de pruebas” de los experimentos políticos de turno para convertirse en un ejemplo nacional de eficacia en la gestión de los servicios.
Desde 2014 hemos recorrido cada barriada de Palma, y seguimos haciéndolo. Hemos conversado con cientos de vecinos, acudido a juntas, reuniones y asambleas, hemos abierto el Grupo Municipal y la sede de Palma a todo el que tuviera una idea, una propuesta o una crítica. Hemos escuchado y tomado nota, y somos conscientes de la necesidad de impulsar una nueva política municipal de proximidad, donde cuenten más los hechos que las palabras y en la que los ciudadanos no sean meros espectadores sino auténticos protagonistas.
Por eso, no me resigno a que se sigan repitiendo los viejos patrones de siempre. Desde el Partido Popular nos proponemos plantar batalla ideológica a la izquierda para desenmascarar su incapacidad, seguir marcando la agenda municipal con propuestas sensatas y liderar, a partir de mayo, un nuevo ciclo desde el gobierno municipal. Palma tendrá entonces una nueva oportunidad para reencontrar su personalidad y volver a ser la ciudad orgullosa, genuina y atractiva que enamora a residentes y visitantes y reivindicar su mejor pasado para conquistar el futuro.

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