PP Balears

OPINIONES PP BALEARS

04/09/18
Opinión

Tiempo de descuento

El verano toca a su fin, y con él, una temporada para olvidar en Palma. A las constantes muestras de turismofobia consentidas por las administraciones, se han sumado el cierre de playas a causa de vertidos en las aguas de la Bahía, la proliferación de la venta ambulante al amparo de los regidores Aligi Molina y Aurora Jhardi y la ya habitual estampa de calles y caminos llenos de basura, trastos y hierbajos.
A todo esto, el alcalde y regidores han estado desaparecidos durante semanas. Aunque, a decir verdad, Palma se ha acostumbrado a no tener alcalde, a pesar de contar con dos. Porque de la deriva de los servicios municipales, del abandono de las barriadas, de la falta de previsión y mantenimiento de las infraestructuras… De todo ello, en suma, son responsables Hila y Noguera.
Palma y sus habitantes padecemos las consecuencias del fracaso de sus dos medios mandatos. Una legislatura perdida para una ciudad que, pese a contar con 50 millones de euros más cada año, no ha sumado ni un solo nuevo servicio, sino que ha visto empeorar todos los existentes. No ha contado con una sola nueva inversión, sino solo anuncios. Sin duda, la prometida “transformación de Palma” se ha producido. A peor.
 Los vecinos están hartos de llamar a su Ayuntamiento para pedir soluciones a los problemas de su zona y recibir excusas como única respuesta. Una ineficacia derivada de la existencia de tres gobiernos municipales distintos, con nula capacidad de gestión de sus respectivas áreas, y enfrentados entre sí, sin más objetivo común que mantenerse en el cargo unos años más.
Si en cualquier negocio o empresa los resultados determinan el éxito de la gestión, en Palma podemos hablar de un rotundo, evidente y caro fracaso del equipo de gobierno. Parques abandonados; copago del servicio de asistencia a domicilio; 500 familias en espera de una plaza en las escoletas municipales, sin ni siquiera aire acondicionado; trastos en toda la ciudad; retirada de baterías de contenedores como “respuesta” a las denuncias de suciedad; eliminación de la ‘brigada exprés’ de reparación urgente; podas indiscriminadas en pleno verano; proliferación consentida de okupas en espacios municipales; ‘guerra contra los coches’ traducida en caos circulatorio y en los accesos a la ciudad… Una merma evidente en la eficacia del Ayuntamiento, a pesar de contar con el doble de altos cargos que la pasada legislatura, que se traducen en 800.000 euros más en nóminas cada año.
 En Cort sobra ideología y falta gestión. Es evidente que ninguno de los dirigentes municipales del Pacte  ha pasado por la pedagógica experiencia de llevar un negocio propio, donde la falta de toma de decisiones, los errores y la imprevisión se pagan no sólo con el cierre de la empresa, sino con el propio patrimonio.
 Palma no puede permitirse el lujo de continuar sin un proyecto de ciudad. Las improvisaciones, las imposiciones y las ocurrencias han sustituido cualquier horizonte a largo plazo. Con un alcalde que prefiere hacer gala de su condición de republicano e independentista que de su responsabilidad como primer edil; un PSOE desfigurado incapaz de votar a favor de la defensa de la Constitución o del uso del castellano en Cort; y un Podemos que sólo logra notoriedad con sus alardes de radicalidad, usando la sala de prensa para apoyar al condenado Valtonyc o insultando a los comerciantes de la ciudad. 
Por eso, y a falta de un gobierno municipal, desde el Partido Popular nos propusimos convertir las barriadas de Palma en nuestro despacho. Así, las hemos visitado todas a lo largo de estos años, y seguimos haciéndolo con el mismo afán que entonces: conocer los problemas, proponer soluciones y tener una visión de conjunto de la ciudad, que abarque las inquietudes reales de los palmesanos y no se limite a las obsesiones particulares de los políticos.
 Y así continuaremos. Trabajando a diario por una ciudad más cuidada y atenta a los detalles, amable con quienes nos visitan, con unos servicios ajustados a las necesidades de cada barriada, sensible a las circunstancias de sus habitantes, culturalmente activa, ambientalmente puntera, socialmente equilibrada. Reordenando las prioridades y devolviendo el protagonismo a quienes realmente lo merecen: los palmesanos y palmesanas.